La IA ya está en las bibliotecas de América Latina. Lo que no está es la gobernanza

La inteligencia artificial ya dejó de ser una promesa y empezó a formar parte de la realidad de muchas bibliotecas latinoamericanas. En esta nueva columna, Fernando Gabriel Gutiérrez analiza los resultados del primer informe del Observatorio de IA en Bibliotecas de América Latina y plantea un desafío urgente para la profesión. ¿Coincidís con su mirada? Te invitamos a leer, comentar y compartir este artículo para enriquecer el debate sobre el futuro de las bibliotecas en nuestra región.

Por: Fernando Gabriel Gutiérrez*



Durante el primer semestre de 2026 me propuse responder una pregunta que veníamos esquivando como campo profesional: más allá de los congresos, los webinars y del entusiasmo (o del pánico), ¿cuánta inteligencia artificial hay realmente funcionando en las bibliotecas latinoamericanas?

El resultado es el primer informe del Observatorio de IA en Bibliotecas de América Latina (OLIAB), publicado desde el proyecto Del Papel al Algoritmo (DPA Labs) y disponible en acceso abierto. No es una encuesta de percepción ni una recopilación de opiniones: el observatorio releva evidencia pública verificable -políticas publicadas, sistemas en producción, programas documentados- y la clasifica con un índice propio, el ILIAB (Índice Latinoamericano de IA en Bibliotecas), que distingue cuatro niveles de madurez institucional: incipiente, exploratoria, en consolidación y avanzada.


El dato global que no nos sirve

Quizás leíste que "el 67% de las bibliotecas del mundo explora o implementa IA". El dato existe -proviene del informe Pulse of the Library 2025 de Clarivate- pero es metodológicamente engañoso para nuestra región: de las 2.032 respuestas de esa encuesta, el 77% corresponde a bibliotecas académicas y el 46% proviene exclusivamente de Estados Unidos. Extrapolar ese número a América Latina es hacer bibliotecología con datos ajenos.

El benchmark regional más sólido disponible, que analizó 222 bibliotecas en 22 países latinoamericanos, muestra otra cosa: una adopción todavía limitada, frenada por tres barreras estructurales conocidas por cualquiera que trabaje en una biblioteca de la región: falta de recursos financieros, resistencia institucional al cambio e insuficiencia de habilidades especializadas.


¿Y Argentina?

Acá viene la parte incómoda. El mapa regional muestra a Brasil como el país con mayor volumen de evidencia pública (PUCRS con guías de uso responsable, UNICAMP, las redes de FEBAB), a México con actividad sostenida desde la UNAM y proyectos de procesamiento de lenguaje natural aplicado a catalogación, y a Colombia con experiencias públicas notables como los programas de alfabetización crítica en IA de BibloRed Bogotá o los laboratorios de IA generativa de la Red de Bibliotecas de Medellín.

Argentina aparece, junto con Perú, Chile y Ecuador, en el grupo de "iniciativas aisladas pero relevantes". Hay experimentación real -sobre todo en universidades y redes académicas- pero no hay articulación, no hay políticas institucionales publicadas y no hay coordinación entre los proyectos que existen.

Quiero ser preciso con esto, porque es fácil leerlo mal: no es un problema de capacidad profesional. La demanda formativa argentina es de las más activas de la región (en un curso reciente organizado en el ámbito del CONICET participaron 91 personas, un 30% profesionales de la información). El problema es estructural: las iniciativas dependen de personas, no de instituciones. Cuando esa persona se va, el proyecto muere.


El único caso 4/4 de toda la región

Un solo organismo alcanza el nivel máximo del índice: BIREME, vinculado a la OPS/OMS. Su sistema DeCS Finder AI de sugerencia terminológica, los Super Summaries que ya cubren cerca del 60% de la base LILACS y una estrategia institucional 2023-2025 que integra modelos de lenguaje lo convierten en el único caso regional con gobernanza documentada, evaluación parcial de impacto e infraestructura propia.

El contraste con el otro extremo es brutal: las bibliotecas escolares obtienen 1/4, el nivel más bajo posible. No existe en ningún país latinoamericano una política pública específica que incorpore IA en bibliotecas escolares. Como sintetiza el informe: la IA llega última allí donde la infraestructura llega tarde.


La conclusión que más me preocupa

El hallazgo central del informe es institucional, no tecnológico: las bibliotecas latinoamericanas están adoptando IA sin gobernarla. Casi ninguna institución relevada tiene políticas formales sobre privacidad de datos de usuarios, sesgos algorítmicos, supervisión humana, trazabilidad de resultados o contratos equilibrados con proveedores.

Eso significa que las condiciones de uso -qué datos se entregan, qué decisiones se delegan, qué se puede auditar- las están definiendo las empresas proveedoras, no las bibliotecas. La adopción está siendo capturada, no gobernada.

Y acá está, creo, la tarea pendiente para Argentina: no necesitamos más herramientas ni más entusiasmo. Necesitamos que las instituciones -universidades, sistemas de bibliotecas públicas, organismos de educación- asuman que decidir sobre IA es una función de gobierno bibliotecario, no un hobby de los profesionales más curiosos del equipo. Mientras eso no ocurra, seguiremos en el casillero de las "iniciativas aisladas".

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El informe completo está disponible en acceso abierto:

Gutiérrez, F. G. (2026). Observatorio de inteligencia artificial en bibliotecas de América Latina – Informe 1° 2026. Del Papel al Algoritmo – DPA Labs. https://doi.org/10.5281/zenodo.20547329

El Observatorio continúa con seguimiento bimestral. Si querés recibir el Informe N°2 apenas se publique -o sumar la experiencia de tu biblioteca al relevamiento regional- podés dejar tus datos acá: https://forms.gle/eRSNXnpaCBF3Lpi37

Y si te interesa la lectura crítica semanal sobre bibliotecas e IA, te espero en Del Papel al Algoritmo: https://fgutierrez371.substack.com/subscribe

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* Fernando Gabriel Gutiérrez es bibliotecario, docente e investigador. Jefe del Departamento de Administración de las Colecciones de la Universidad Nacional de Luján y autor del proyecto Del Papel al Algoritmo (https://fgutierrez371.substack.com), desde donde investiga la relación entre bibliotecas, inteligencia artificial y geopolítica del conocimiento en América Latina.



Comentarios

  1. Hola buenas Fernando y muchas gracias por este post.. Ya me habías dejado pensando mucho en la última entrada de la columna de Rosita y ahora con esto coincido plenamente en tus palabras.. La Ia llega última cuando la estructura llega tarde me parece totalmente acertado y sumo que cuando llega es cuando parece que "activamos" para realizar las politicas de utilización de dichas tecnologías. Considero como bien decís que existen muchos casos aislado, con entusiastas que en forma casera utilizamos las IA para generar algunas acciones individuales para mejorar nuestra biblioteca (desde ya sin tocar nada como usuarios ni sus datos obviamente porque sabemos el destino de los mismos). Intentando además contagiar a otros/as para la continuidad de dichos proyectos pero que en la realidad siguen quedando en las instituciones pero también creo que es un camino de a poco que nos vamos haciendo para la realización de dichas políticas para el uso de las IA. Gracias como siempre

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  2. Andrés, gracias por bancar y por pensar en voz alta acá.
    Coincidimos en casi todo, y justo por eso quiero marcarte un matiz, porque me parece el punto más importante. Cuando decís que los casos aislados son "un camino de a poco" hacia las políticas, ahí soy más pesimista que vos. Lo que registramos en el Observatorio es que el caso aislado tiende a quedarse aislado: depende de una persona, no se documenta, no se vuelve decisión institucional, y cuando esa persona se va, el proyecto se apaga sin dejar rastro. No se acumula solo. Para que se acumule, alguien tiene que construir el puente: gobernanza, documentación, una instancia donde la institución decida y no solo reaccione.
    Y eso engancha con lo otro que señalás -"activamos cuando llega"-. Ese activar tarde no es una etapa natural: es el problema. La política que llega después de la tecnología ya no elige, valida lo que el proveedor (o el entusiasta de turno) puso primero. Llegar tarde nos deja decidiendo sobre hechos consumados.
    Dicho esto, lo que hacés vos sí importa, y mucho: cuidar de no tocar datos de usuarios es exactamente el criterio que la mayoría de las políticas institucionales todavía no tiene escrito. Ahí los entusiastas van adelante de las instituciones.
    Te tiro algo concreto: el Observatorio existe en buena parte para que esos casos caseros dejen de ser invisibles. Si te animás a documentar lo tuyo -qué problema resolviste, con qué herramienta, qué decidiste no hacer y por qué- lo sumamos como caso. Es la manera de que tu "camino de a poco" deje rastro y le sirva a otra biblioteca que recién arranca. Avisame y lo charlamos.
    Abrazo.

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