La casa de los libros

Las bibliotecas barriales de Uruguay demuestran que el hábito de la lectura está vivo con un público a dos puntas: niños y adultos mayores.



Antes de subir por la escalera un enorme friso interpela al visitante. Bajo la imagen severa de Horacio Quiroga se reproduce el Decálogo del perfecto cuentista. Todo aquel que aspire a escribir debería leerlo, una y otra vez, y seguir el primer mandato al pie de la letra: "Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo". Con la lección aprendida el visitante puede seguir hasta el primer piso y entrar al recinto de paredes blancas y amplias estanterías.

El salón dispone de algunas mesas de lectura entre los anaqueles poblados de libros. En el fondo del local hay dos jóvenes que ocupan las dos computadoras del recinto. Otro lee aplicado en una de las largas mesas con una pila de cuadernos al lado.

"Esta es una biblioteca de adultos con un espacio para niños. Aquí acuden muchos adultos mayores, tal vez se deba al horario que les queda más cómodo", dice Estela Ciganda, la bibliotecóloga a cargo de la Biblioteca Horacio Quiroga, ubicada en el Centro Cultural Goes, la antigua terminal de General Flores y Domingo Aramburú (foto principal).

La Quiroga es una de las 15 bibliotecas municipales que funcionan en Montevideo, pero también hay que considerar la red de bibliotecas populares que funcionan en varios barrios y dependen de clubes o comisiones de fomento. Y algunas bibliotecas móviles que salen "a la caza" de pequeños lectores periódicamente.

El horario es una de las grandes limitantes para el acceso. Casi todas funcionan de lunes a viernes de 11 a 17 horas. Ello hace que el público esté conformado, principalmente por escolares y adultos mayores. "Los adolescentes leen poco, cuando vienen a la biblioteca lo hacen más en busca de Internet (señala hacia los escritorios donde están los dos jóvenes en las computadoras)", comenta Ciganda.

Gozan de buena salud

Lo cierto es que la red de bibliotecas municipales, sumada a las bibliotecas populares que funcionan gracias a la gestión de clubes barriales o sindicatos, gozan de buena salud. Algo que pone en tela de juicio la idea machacona de que cada vez se lee menos. Los libros siguen teniendo su público, aunque los préstamos de bibliotecas sigan siendo comparativamente inferiores a las ventas en librerías, por mencionar dos canales de acceso al libro.

Algunos estudios avalan la presencia central del libro, como lo fue el Relevamiento de instituciones e infraestructuras culturales del Uruguay. Reveló que la mayor parte de las instituciones culturales de referencia en el país son bibliotecas. La calidad del servicio varía ampliamente de acuerdo con su grado de dependencia, la mayoría de ellas son municipales y están a merced de la voluntad presupuestal de los gobiernos departamentales.

En tal sentido la bibliotecóloga e investigadora académica Paulina Szafran elogió, por un lado, el empuje gracias al que muchos de estos centros se han abierto y permanecen acercando lecturas al público y, por otro, señala la falta de regulación oficial de las mismas.

"En nuestro país asumen características particulares que la tornan un fenómeno distinto al de otras realidades. Se sostienen por la propia comunidad, en general se ubican en cooperativas o complejos habitacionales y en distintas organizaciones sociales barriales y son atendidas por voluntarios integrantes de esa comunidad. No se regulan por ningún organismo, por lo que no deben registrarse para su apertura ni hay control alguno sobre su permanencia. Estas características hacen que no podamos hablar de una realidad homogénea, cada biblioteca popular es una experiencia en sí misma. A la vez que la hacen muy vulnerables respecto a su sostenimiento", explica Szafran.

Biblioteca del Conejo, una origina propuesta para los más chicos.

Algo que es bueno y malo a la vez, como señala la especialista, ya que si bien deja en libertad de hacer a quienes impulsen el proyecto, no hay regulaciones que velen por la calidad del servicio.

"A fines del año 2009 se aprobó la Ley 18.632 que regula el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, pero que nunca fue reglamentada por lo que no se está cumpliendo", señala Szafran.

"Si tomamos la realidad de Montevideo, hay experiencias muy buenas pero los horarios de las bibliotecas son insuficientes, por lo tanto, son muy limitadas las posibilidades que se pueden ofrecer en cuanto a servicios, esa es su principal problemática, vinculada a la falta de recursos humanos, que deriva en muchas otras", señala la investigadora.

A juicio de la experta el potencial de la extendida red de bibliotecas se encuentra subutilizado, ya que podrían servir como puntos de partida para otros desarrollos culturales, tal como ocurre en experiencias generadas en los países de la región.

Por otra parte las iniciativas que hacen nacer y crecer bibliotecas populares viven casi siempre junto a sus impulsores, y cuando estos desaparecen también lo hacen las bibliotecas. Ello evidencia un problema central de la gestión de este tipo de emprendimientos.

"La creación de bibliotecas y, sobre todo, su mantenimiento, implica destinar recursos que permitan contar con colecciones actualizadas y atractivas, el desarrollo de actividades y servicios y un factor esencial, personal actualizado. No estamos en un escenario de buenas intenciones nada más, las mismas deben acompañarse de políticas y acciones sostenidas que vayan más allá del interés limitado por las bibliotecas en el mes de mayo", dice Szafran.

El despacho de Onetti

El escritorio de Juan Carlos Onetti cuando dirigió el servicio de bibliotecas.

La Biblioteca María Vittori se encuentra en el barrio Peñarol. El centro recibió un impulso del Municipio G que resultó vivificador y la convirtió en punto de referencia. Es una de las pocas bibliotecas que recibe al público también los días sábado.

"Tratamos de brindar material de buena calidad a la gente que lee, trabajamos en forma regular en la formación de colecciones y procuramos tener siempre libros nuevos", dice Aquiles Gambarotta, el bibliotecólogo a cargo.

Gambarotta se precia del servicio que brinda y, particularmente, de que todo aquel que ingrese al recinto será acompañado para ayudarlo a orientarse en su búsqueda de lecturas.

"Tenemos un espacio Onetti, que ambientamos con el escritorio que él utilizó cuando fue director de Bibliotecas Municipales, también colocamos un sobretodo y un gacho en el perchero, que por supuesto no le pertenecieron pero simulan serlo", explica con orgullo.

También tienen un ejemplar de la primera edición de El Pozo del autor uruguayo. En otra vitrina un par de anteojos y una pluma estilográfica que pertenecieron a Juan Carlos Onetti, objetos que fueron donadas por su viuda.

Este espacio simbólico dentro del local de algún modo se liga a la promoción del premio municipal de literatura que lleva su nombre y, junto al premio nacional del Ministerio de Educación y Cultura conforman los de mayor prestigio entre los galardones de las letras locales.

La biblioteca lleva el nombre de la directora de la primera escuela pública del barrio Peñarol, que comparte además con el de una calle y una escuela del vecindario.

"Tratamos de tener una colección actualizada de libros, tenemos un público adulto importante que suele venir en busca de lectura", explica Gambarotta.

Libros de Historia, biografías y muchas novelas policiales son los predilectos de los visitantes entre el público adulto. "Henning Mankell, Andrea Camillieri y Petros Márkaris entre los más solicitados", recita Gambarotta, conocedor de su público.

Entre los chicos, los libros de Susana Olaondo y de Ricardo Alcántara son los best-sellers más buscados.

La María Vittori cuenta además con una escuela de cine y un taller de lecturas como parte del programa de expansión cultural del centro.

Hecha por la gente

Biblioteca Popular de Shangrilá fue levantada por los vecinos. 

Las bibliotecas mencionadas funcionan en Montevideo dentro de las estructuras municipales. Pero algunas fueron creadas y construidas por grupos de vecinos. La de Shangrilá es uno de los mejores ejemplos de ello.

Según la bibliotecóloga Edelweiss Zahn la Biblioteca Popular de Shangrilá "nació por una necesidad de la población, muy lectora, de Ciudad de la Costa".

Este centro se inició en 1998, en 2006 se mudó para el local de la comisión pro fomento de Shangrilá. Por entonces tenía apenas 80 usuarios. En 2009 comenzaron la construcción del edificio que finalmente albergaría a la biblioteca, cuyas instalaciones fueron inauguradas en 2013.

Hoy la biblioteca popular cuenta con un total de 1.800 usuarios. Es la única biblioteca entre el kilómetro 16 de la Interbalnearia y Salinas, lo cual le da una importante afluencia de público.

En este caso es punto de encuentro para actividades juveniles varias además de sus servicios regulares: préstamo de libros, sala de lectura, asistencia bibliotecológica. Y su expansión continúa ya que están construyendo un anfiteatro.

"Son muchos los centros educativos que vienen a visitar la biblioteca", asegura Zhan.

Para las visitas escolares la biblioteca suele contar con una narradora oral que cuenta algunos cuentos clásicos a los alumnos. La narradora Rosa Paseggi transmitió su experiencia con los chicos, asegura que estos se siente libres y disfrutan de la lectura. "Pueden tocar los libros, elegir de acuerdo a su criterio. Muchas veces se recomiendan entre ellos. Otras veces vienen pidiendo un libro que no encuentran, sus sugerencias son anotadas y atendidas", recuerda Paseggi.

Cuando el tiempo acompaña "sacan" la biblioteca a la plaza para organizar encuentros con narradores y otras actividades culturales con la comunidad.

Según Edelweiss funciona mucho el "boca a boca" para arrimar usuarios. "En 2014 se comenzó la automatización del catálogo y del préstamo. La página web está casi lista. En breve podremos compartir nuestro catálogo por Internet, renovar, reservar y todo lo que hace al quehacer diario de una biblioteca", dice.

En eso trabaja un equipo de 14 personas, muchos de ellos se han ido sumando a la biblioteca en forma honoraria para aportar sus horas de trabajo y con ello que siga funcionando la biblioteca. También muchos escritores suelen prestar horas en forma voluntaria para las actividades con público en encuentros y talleres.

El ejemplo de la Biblioteca Popular de Shangrilá parece haber alumbrado otras iniciativas a lo largo de la Costa de Oro canaria. Porque algo de eso hubo este verano cuando los vecinos del balneario Cuchilla Alta improvisaron un novedoso plan de bibliotecas móviles reciclando heladeras en desuso como muebles rodantes cargados de libros. "Lleve, lea y devuelva" habían pintado en las puertas de los viejos refrigeradores reciclados. Consigna que fue respetada en todos los casos.

Todo esto habla de lo viva que está la lectura, sin lo cual estas y otras iniciativas parecidas no tendrían lugar. Las investigaciones académicas corroboran el interés, aún en contextos económicamente menos favorecidos.

"Yo creo que el libro tiene un futuro muy promisorio, lejos ya de la discusión de hace unos años que anunciaba su desaparición", dice Szafran.

"Hay muchas formas de libro y a los lectores, sobre todo los de las nuevas generaciones, no les interesa en qué forma se da el proceso de la lectura, los jóvenes que son lectores alternan el libro con el e-book sin ningún tipo de cuestionamiento", agrega la investigadora.

Libros impresos en papel, libros digitales, formatos más breves para lecturas en pantallas. Las plataformas, como señala la académica, solo se han ampliado y la lectura parece gozar de muy buena salud. En buena medida las bibliotecas barriales continúan cumpliendo esa heroica y silenciosa labor día tras día: poner los libros al alcance de todos.

Premio de La Academia de Letras
La Academia Nacional de Letras otorgará el Premio Día Nacional del Libro a El País Cultural, en memoria de su director y fundador Homero Alsina Thevenet. La distinción ha sido recibida por instituciones y personas que de algún modo han sido destacadas en la difusión del libro. El año pasado el galardón había sido otorgado a la Feria del Libro de San José, el anterior al programa radiofónico Utopía, dirigido por Hugo Castillo, y el anterior al dibujante Fermín "Ombú" Hontou. El suplemento cultural de El País fue fundado en 1989 por el periodista y escritor Homero Alsina Thevenet, publicación que se convirtió en referente en el Río de la Plata. Alsina Thevenet fue considerado un maestro de la crítica cinematográfica, pero también un maestro de periodistas más allá de todo género. Falleció el 12 de diciembre de 2005.

Centro de referencia cultural

La Horacio Quiroga funciona en el complejo Goes, nudo neural del barrio.

La gestión de las 15 bibliotecas municipales de Montevideo está a cargo de la División Artes y Ciencias. "El servicio de bibliotecas y letras se nos incorporó hace un par de años y todavía estamos en un proceso de reformas graduales", dice su director, Juan Canessa. "El área involucra varios aspectos, como la promoción del premio literario Juan Carlos Onetti, la red de bibliotecas y los convenios con la Casa de los Escritores, gracias a los cuales por ejemplo venimos desarrollando talleres", señala el jerarca. El servicio procura ahora ampliar la cobertura de las bibliotecas con las miras puestas en un público más general, y no tan limitado a escolares y personas adultos mayores. "Una biblioteca deber ser un centro de referencia cultural en el barrio, como lo que intentamos hacer con la biblioteca del Cerro cuyo local se encuentra entre dos liceos, lo cual le permite cumplir un papel clave en el vínculo con el barrio. Allí, por ejemplo, el año pasado trajimos la exposición sobre Ana Frank", argumenta.

Una biblioteca móvil dedicada a niños que funciona en plazas
La Biblioteca del Conejo es una de las más originales entre las dedicadas al público infantil. Se trata de una biblioteca móvil que se despliega en algún espacio público. "Salimos dos veces al mes, el circuito depende un poco del tiempo, las condiciones climáticas y demás. Generalmente elegimos plazas y lugares públicos abiertos. Durante el invierno lo que hacemos es ir más a centros CAIF, escuelas rurales, hogares del INAU", dice Leticia Arnoso, bibliotecóloga del equipo. La rutina es siempre la misma: llegan al lugar elegido —una plaza, generalmente— despliegan el paracaídas multicolor en el pasto y allí colocan los 400 libros de la colección. "Hacemos cuentos orales, para lo cual tenemos narradores orales en el grupo, somos un equipo estable de cuatro personas", explica Leticia. Durante dos horas los chicos pueden elegir su libro, leerlo junto al adulto con el que hayan llegado y, si quieren, lo pueden comentar. El tiempo vuela y casi todos quieren volver. "Pueden revolver libros, mirar, elegir lo que quieran. Lo más lindo de todo eso es el tiempo compartido", asegura Leticia.

Fuente: El País, de Uruguay
Foto: Fernando Ponzetto

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