La leyenda del árbol de Navidad para leer con los más pequeños

¿Conoces la leyenda del árbol de Navidad? Es una leyenda popular alemana que explica por qué cada año ponemos un gran abeto y lo decoramos con adornos muy llamativos por estas fechas.



Existen varias versiones de la historia, aunque todas nombran al misterioso niño que visita un humilde hogar durante una fría noche… Pero no adelantamos más. Aquí tienes esta preciosa leyenda navideña que nos habla sobre todo, de caridad.


La preciosa leyenda del árbol de Navidad

Cuentan que hace mucho, pero mucho tiempo, durante una fría noche de diciembre, unos niños se calentaban frente a la chimenea de su humilde hogar. Vivían con sus padres en una pequeña cabaña en medio de la montaña, y sobrevivían gracias a la madera que su padre podía vender.

Era 24 de diciembre, y los niños escucharon de pronto el sonido de alguien que llamaba con suavidad a la puerta. Corrieron a abrir y se encontraron con un pequeño niño que andaba sin zapatos por la nieve, con una simple túnica andrajosa. Tiritaba, estaba muerto de frío y hambre.

Los pequeños, conmovidos, le invitaron a entrar.

– Tienes que acercarte mucho a la chimenea para calentarte- dijo uno de los niños.

– Yo te traeré mi abrigo y mis zapatos– dijo el otro, a pesar de saber que no tenía más…

Uno de los hermanos fue a la cocina y encontró un trozo de pan que su madre guardaba para el desayuno. No dudó en dárselo a su invitado.

El niño recién llegado era muy callado, apenas hablaba, pero miraba con dulzura y agradecimiento.

– Te prepararé una cama junto al fuego- dijo uno de los niños. Y arrancó de su cama la manta para hacer con ella un cómodo y cálido colchón para el recién llegado. Después, todos se fueron a dormir.


El milagro de la leyenda del árbol de Navidad

Al día siguiente, un dulce sonido despertó a los dos hermanos y a sus padres. Era la música celestial de un coro de arpas y trompetas. Fueron al salón, y los pequeños vieron que su invitado ya no estaba.

Al mirar por la ventana, vieron acercarse a un grupo de niños que brillaban como las estrellas. Tocaban instrumentos de música, cantaban y bailaban.

Entre ellos, caminaba hacia la cabaña el mismo niño que les pidió cobijo la noche anterior, pero ya no vestía harapos, sino finas ropas bordadas con hilos de oro y plata. El niño llegó a la cabaña y dijo a los hermanos:

– Tuve frío y me dieron cobijo. Tuve hambre y me dieron de comer. Fueron caritativos conmigo, a pesar de no tener nada.

El niño tenía en la mano una pequeña rama de un abeto, que había cortado de un árbol en el bosque. La plantó junto a la casa y de pronto, la rama creció y creció, hasta convertirse en un frondoso abeto. De las ramas comenzaron a crecer manzanas, nueces, alimentos de todo tipo, y algún que otro juguete.

– Es mi agradecimiento por su buen corazón- dijo el niño mientras se alejaba, rodeada por el grupo de ángeles que seguían tocando y cantando a su lado.

– Sin duda, era el niño Jesús– dijeron los padres de los dos niños.

A partir de entonces, se extendió la tradición de decorar un árbol en Navidad, para recordar aquella visita y el mensaje que el niño Jesús nos dejó.

Fuente: Tu cuento favorito


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