La inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para el Acceso Abierto, desde la autoría y la trazabilidad de la información hasta la ética y la regulación. En esta columna, la bibliotecaria Rosa Monfasani recupera las voces de colegas del ámbito académico y profesional para reflexionar sobre el futuro del conocimiento y la responsabilidad de quienes lo producen y comparten. ¿Cómo garantizar un acceso abierto responsable y confiable? Leé la nota, compartí tu opinión y ayudanos a ampliar el debate.
Comparto esta definición de Acceso Abierto (AA), cuya semana internacional se celebra del 19 al 25 de octubre. Sobre este tema ya escribí una columna el 22 de octubre de 2025 que denominé Acceso Abierto en tiempos de Inteligencia Artificial.
En aquella columna también consideré algunos conceptos que se abordarán en la Semana Internacional del Acceso Abierto “El costo del conocimiento”, bajo el lema “Privatización, mercantilización y precarización de los bienes comunes del conocimiento: los costos en el Sur Global”, propuesto por CLACSO, que aborda tres aspectos: privatización, mercantilización y precarización, con los que coincido.
Por supuesto, allí se habló de hacer una lectura crítica y comprensiva no solo para comprender, sino también para sostener, desde la ética, los valores morales y especialmente la falta de regulación existente. Sin embargo, su relación con la IA sigue preocupándome especialmente.
Para no repetir lo que manifesté en su momento y que sostengo, recupero algunos de los comentarios que recibí en aquella oportunidad. No representan la totalidad de las opiniones expresadas; selecciono aquellos que, a mi parecer, amplían el escenario planteado.
- Horacio Degiorgi, de la Universidad Nacional de la UNCuyo, dijo: “…Nunca se incorporaron en los procesos de evaluación. Sin eso el sistema de Acceso abierto solo sirve en ciertos casos. Ahora con la IA y la desaparición de las autorías detrás de las respuesta directas y reformuladas, la cosa va a empeorar. No hay respuestas desde los gobiernos ni desde la academia para esto”.
A este comentario respondí: “…La IA es una preocupación no solo de los bibliotecarios sino de todas las áreas: de la cultura, de la educación, de la economía, de la política, de la salud, etc.”
- Karen Mariano, de la Dirección General de Escuelas de la UNCuyo, también se expresó: “Mas allá de toda cuestión entre IA y AA, lo que más me preocupa son los usuarios que consumen en forma masiva los contenidos que ofrece la IA ante las consultas que realizan. Tal cual, como veo en comentarios la preocupación no es menor al ver que las reglamentaciones que encontramos en investigaciones realizadas de cómo actúan y que proponen, no existen límites que se entiendan o interpreten de modo liso”. A continuación, agregó: “…es casi difuso hoy entender si es el AA, abierto en primer lugar o lo es la IA. Muchos usuarios no manifiestan controversias ante la IA, solo la utilizan y muchos bibliotecarios seguimos intentando educar con pocos límites y reglamentaciones vigentes sobre derechos de autoría”.
A esto manifesté: “…el usuario y cuando digo usuario me refiero a todos incluidos los profesionales de todo tipo y por ende los bibliotecarios, justamente se enfrentan a una seria disyuntiva, además de obviar la necesidad de encontrar la información que realmente les compete”.
- Gustavo Gómez, de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, junto con su asistente de IA, Sofía: “…Desde mi perspectiva, el riesgo no está solo en la distorsión generada por la IA, sino en la pérdida de contexto: los textos se desanclan de sus autores, de sus instituciones y de su trazabilidad intelectual. Por eso creo que una de las tareas urgentes para el campo bibliotecario y académico es desarrollar protocolos de verificación y trazado semántico, que permitan distinguir lo que proviene de fuentes científicas legítimas de lo que ha sido alterado o reinterpretado por algoritmos. En ese sentido, quizá el acceso abierto del futuro no deba pensarse solo como libre disponibilidad, sino como acceso responsable, donde la apertura vaya acompañada por capas de metadatos que documenten la procedencia, la integridad y las transformaciones posibles de cada texto”.
A lo que respondí: “…Creo que no solo es una distorsión, sino que al serlo genera nuevos mensajes, nuevos contenidos que modifican lo dicho. Eso crea diversas situaciones, según el ojo con que se lo mire y como se lo incorpore…El AA del futuro deberá incluir lo que dices, deberá ser responsable en todo sentido y aquí me surge una pregunta: si no existe legislación pertinente, si no nos preocupamos por la responsabilidad que nos compete, si de alguna manera permitimos que los textos se transformen ¿Cómo podremos creernos entre nosotros?”
- Ernesto Carrizo, de la Universidad Nacional de San Juan, manifestó: “…Coincido plenamente con la problemática que implica la IA, considerando que como herramienta es formidable y como autoridad de elaboración no tiene límites. Será uno de los tantos aspectos a considerar y normar en un futuro casi inmediato...”.
Mi respuesta reflejó, en parte, lo que pienso actualmente: “…el tema es una preocupación de todos que afecta diferentes aspectos de nuestra tarea diaria. Ahora me entró una duda: ¿estamos de acuerdo en que se debe regular?, pero esas decisiones generalmente son muy lentas y no sé si no llegaremos tarde a las incursiones de la IA. Por eso concuerdo en que debemos ocuparnos de inmediato”.
¿Qué más puedo decir al respecto? Hace mucho que venimos trabajando sobre este tema, lo único que falta definir es: ¿cuándo? ¿cómo? y ¿quiénes?
En esta semana se discutirán esas inquietudes y mantengo la esperanza de que los expertos en el tema de Acceso Abierto, llegarán a conclusiones factibles de poner a prueba. No creo que la solución sea inmediata pero seguramente el camino se verá más transitable para poder llegar a posibles soluciones.
«Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo,
las personas se educan entre sí en comunión con el mundo».
(Paulo Freire, 1921-1997. Pedagogía del oprimido, 1968-1970).
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