Términos controlados, MARC21 y bibliotecas escolares: del miedo al desafío

En esta columna, Emiliano Martín Abalos (docente y bibliotecario) pretende visibilizar temas que aún no han adquirido relevancia en las bibliotecas de los distintos niveles del sistema educativo.



Introducción: 

El presente artículo es continuación del que publicáramos un mes atrás, titulado «La importancia de los procesos técnicos en bibliotecas escolares». Con esta nueva columna se pretende visibilizar temas que aún no han adquirido relevancia en las bibliotecas de los distintos niveles del sistema educativo. Temas que deberían estar presentes en las agendas no solo de cada unidad de información sino también de los centros que sirven de referentes para el intercambio de ideas y experiencias, como los CenDIE.


Refrescando conceptos:

El uso de lenguajes controlados en bibliotecas escolares suele ser un tema "tabú", bien porque no disponemos del tiempo o los recursos necesarios para dicha tarea, o bien porque desconocemos las razones de su existencia y su utilidad. 

Los lenguajes o vocabularios controlados persiguen, por antonomasia, dos finalidades: 

1. Describir lo más fielmente posible el contenido de una manifestación 

2. Evitar los problemas de comunicación propios del lenguaje natural (homonimia, sinonimia y polisemia), de modo que los términos (descriptores) asignados para los registros bibliográficos puedan ser interpretados siempre unívocamente, ya sea por seres humanos o por máquinas.


En la práctica cotidiana de las bibliotecas escolares, la tarea de asignar estos descriptores, la cual llamamos "indización", suele quedar relegada por darle prioridad al uso de otro tipo de vocabulario de indización, conformado por términos codificados, numérica o alfanuméricamente. A estos vocabularios se los conoce como esquemas o sistemas de clasificación; CDU y CDD están entre los más conocidos en bibliotecas escolares por su naturaleza enciclopédica, y los sistemas de clasificaciones por colores en el caso del Nivel Inicial.

La opción de la clasificación por sobre la indización tiene sus motivos lógicos, o más bien prácticos: la clasificación nos brinda, además de una descripción disciplinar y temática, un dato topográfico (del griego "topos" = lugar), el cual nos garantiza el orden de los libros en los estantes.

No obstante, la indización temática se destaca, a diferencia de la clasificación, no solo por el hecho de utilizar “elementos léxicos del lenguaje usual” (Slype, G. van, 1991), sino por la posibilidad que ofrece de asignar más de un descriptor para un mismo registro.

Aunque todavía algunos se resistan y desestimen su real importancia, los resultados de las investigaciones siguen confirmando que los registros con descriptores bien seleccionados ayudan muchísimo a una más efectiva recuperación de la información (ODLIS, 2013). El tesauro de la Unesco y los Vocabularios en Educación Argentina (VEA), desarrollados por la BNMM, son de preferencia en algunas bibliotecas escolares.

Cabe hacer aquí una aclaración no menor. Solemos utilizar de forma intercambiable los términos "descriptores de materia" y "descriptores temáticos", como si fueran sinónimos. Y esto muy probablemente se deba a la polisemia que existe en inglés para el término "subject", que puede traducirse tanto por “materia” como por “tema”. Entre "término de materia (subject)" y "término temático (topical)" hay una relación de género/especie, por lo cual no son lo mismo.

En formato MaRC21 el "término de materia" (campo 6XX) es un paraguas conceptual que abarca o incluye muchos tipos de descriptores, como veremos a continuación.


MARC21 y bibliotecas escolares: una reconciliación posible

Si los vocabularios controlados (Listas de Encabezamientos de Materia y Tesauros) se centran en el qué de la indización (qué términos representan mejor el contenido de tal o cual libro), el formato MARC21 se ocupa del dónde se colocan dichos términos en un esquema estructurado de datos.

Por tanto, el/la bibliotecario/a escolar deberá contar con dos herramientas textuales indispensables:

- Un listado o tesauro adecuado para la descripción de contenido de recursos educativos. Por nombrar algunos:

ARMARC para bibliotecas pequeñas -online, de licencia paga-

VEA (Vocabulario de Educación Argentina - BNMM) -gratuito online-

Tesauro de la Unesco -gratuito online-

Lista Abreviada de Encabezamientos de Materia de la BNE -gratuita online-

 

- Y el estándar MaRC21, desarrollado y actualizado todos los años por la Library of Congress. Un primer acercamiento para bibliotecas escolares puede ser la Edición Lite (“liviana”), a la cual se puede acceder en español de modo gratuito a través del siguiente enlace: https://www.loc.gov/marc/bibliographic/litespa/elbdspa.html


En relación a la primera (los vocabularios controlados), en Argentina no existe aún consenso a nivel nacional (al igual que con los sistemas de clasificación) en torno al uso de una única lista de términos que garantice uniformidad en el intercambio de registros. Creemos que dicho consenso motivaría en gran medida la creación de un catálogo colectivo educativo y, con ello, la mejora de los servicios de información para situaciones especiales (personas con capacidades reducidas, contextos de pandemia, etc.) que reclaman el acceso remoto a los registros bibliográficos.

En lo que respecta a MARC21, la edición “lite”, mencionada anteriormente, es orientadora, clara y evita el exceso de campos:

 

Los 8 campos que se ven aquí son de materia; es decir, están pensados para que contengan términos que describen el contenido de la obra. No obstante, se hace una distinción entre los descriptores de contenido conceptual (es decir, aquellos que expresan ideas o nociones implícitas en el recurso de información) de los no conceptuales, como los nombres propios y los títulos (Slype, G. van, 1991).

Sujeta siempre a las particularidades y precariedades del sistema educativo, la tarea del bibliotecario escolar se torna con frecuencia extensa y solitaria. Priorizar etiquetas MaRC, en orden a reducir tiempos y garantizar un mínimo de calidad de la información, es parte de las políticas de catalogación que es necesario definir. En este marco, y partiendo de nuestra experiencia en instituciones educativas, nos animamos a sugerir las siguientes etiquetas MaRC como “básicas”, oportunas y necesarias, a saber:

✔ Término de materia temático: 650

✔ Término de materia no controlado: 653 [no sólo temático, sino cualquiera de los 6XX]

✔ Término de materia de Género/Forma: 655

Con excepción del campo 653, todos los términos de las etiquetas 6XX, junto con sus relaciones semánticas, pueden asentarse en registros individuales conformando un catálogo aparte, conocido como “fichero de autoridades”, sobre el cual nos detendremos en una próxima columna.


Desafíos:

Lograr definir criterios unificados a nivel nacional en torno a la elección de vocabularios controlados y campos MARC 6XX para la indización de términos de materia son una asignatura pendiente en las bibliotecas escolares de Argentina. Frente al riesgo siempre latente de una mirada pesimista, nuestra experiencia reciente nos permite afirmar que es posible llegar a acuerdos locales o regionales que allanen el camino. Para ello son indispensables:

- La curiosidad personal, clave para animarnos a aprender siempre más. (El título de egresados es sólo el comienzo).

- El contacto y debate frecuente con otros colegas (Trabajo colaborativo. El aprendizaje y los nuevos conocimientos se construyen colectivamente)

- Desarrollar manuales de buenas prácticas

 

¿Qué otras sugerencias agregarías vos? Contamos tu experiencia.

Esperamos que esta nueva columna sea de interés y sume a otros colegas para un futuro debate.


Emiliano Martín Abalos: Docente de Tecnologías de la Información y la Comunicación aplicada a las bibliotecas en el Instituto Superior De Piero (Quilmes), Bibliotecario en la Escuela Municipal de Bellas Artes Carlos Morel (Quilmes) y en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara (CABA). 

Pueden escribirle al siguiente mail si desean ampliar otros saberes: emilianomabalos@gmail.com 


FUENTES CONSULTADAS:

Kuhr, P. S. (1993). Abstracting and Indexing. In Wedgeworth, R. (Ed.). World Encyclopedia of library and information services (3rd ed., p. 4). Chicago: ALA. https://archive.org/details/worldencyclopedi0000unse 

Levine-Clark, M. & Carter, T. M. (eds.) (2013). ALA Glossary of Library and Information Science (4th ed.). Chicago: American Library Association. https://archive.org/details/alaglossaryoflib0000unse 

Pinto Molina, M. (1989). Introducción al análisis documental y sus niveles: el análisis de contenido. B. Anabad, XXXIX, núm. 2, pp. 334-335. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/798857.pdf 

Pinto Molina, M. (1991). Normalización y terminología en Análisis Documental. En Análisis documental: fundamentos y procedimientos. Madrid: EUDEMA. https://es.scribd.com/document/410824146/analisis-documental 

Reitz, J. M. (2013). Controlled vocabulary. In Online Dictionary for Library and Information Science. Westport: Libraries Unlimited. https://odlis.abc-clio.com/odlis_c.html 

Slype, G. van (1991). Los lenguajes de indización: concepción, construcción y utilización en los sistemas documentales. Madrid: Fundación Germán Sanchez Ruiperez. https://www.ugr.es/~phipola/Los_lenguajes_de_indizacion.pdf


Comentarios

  1. excelente artícuo Emiliano.. soy un gran fan de los procesos técnicos y de la indización con los términos controlodos y utlizar algunos tesauros (los que mencionás y algunos específicos). Gran desafío al encontrarnos con nuevos usuarios que piden materiales utlizando "términos propuestos" o temáticas relacionadas con lo novedoso, sobre lo nuevo que nos obligan un poco a pensar (además de los términos controlados) de que otras maneras o formas nos pedirán esos materiales... gracias por este maravilloso artículo. Me encantó.. Saludos desde Chubut, Argentina

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario! Seguimos aprendiendo para que el acceso a la información en bibliotecas escolares sea cada vez mejor.
      ¡Saludos!

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  2. Excelentísimo artículo y orgullo nacional en innovación bibliotecaria.

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario! Un placer poder aportar experiencias.
      ¡Saludos!

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  3. Qué fascinante el artículo colega Emiliano. Al fin, alguien que presta atención a lo técnico. Como (anónimo) soy un fans de dicha temática.
    Temas que debemos abordar todos los bibliotecarios escolares. Excelente propuesta (Anónimo) Me gustaría saber como te llamás, así podemos enriquecernos todos a la hora de colaborar en una respuesta. Trato de entender tu observación, aun no me queda claro. Entiendo que, una forma de poder ayudar a los usuarios, dependiendo la comunidad y ubicación geográfica, se pueden incorporar a la etiqueta 655 un término en inglés/wichi, mapuche, etc. Tener presente a esas comunidades. Otra forma que se me ocurre, es darle uso al 653 y empezar a autorizar/proponer otros términos al mundo escolar. (armando un listado propio de la entidad)
    En mi caso, tengo ARMARC (físico) y uso en ocasiones a (VEA) a través del software koha, donde permite incorporar el uso de la etiqueta 024 (otros estándares) y el 040$f otros tesauros, argumentando que me baso en esos instrumentos de indización. También, intento proponer aquellos términos en 653 que usan los adolescentes/niños. En mi caso, me desempeño en primaria y secundaria.
    Tengo un desafío para el Emiliano, quizás sepa orientarme:
    Me ha surgido un caso, donde una profesora, me pedía una edición específica de un libro, es decir, más allá de 1a ed., 2a ed., etc.: del título y autor equis, donde cambian las ediciones, ella quería la 2a ed. Por que le gustaba la metodología que aborda los temas. Y me propuso de poner en los tejuelos un apartado que indique que ese libro es de la 2a ed. y así se diferencia de las otras ediciones. Solemos tener casos donde los docentes se enamoran de una edición determinada y no quieren otra. ¿Es aconsejable accionar en un tejuelo y consignar la edición? Sigamos sumando más... Abrazos
    Sigamos leyéndonos. Saludos.

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    1. ¡Hola César!
      El sentido principal de los tejuelos es brindar información topográfica, en orden a poder localizar lo más fácilmemte posible el ejemplar en el estante. Si bien la clasificación y la librística son los datos básicos, las bibliotecas suelen tener sus políticas propias en lo que respecta al agregado de otros datos que permitan distinguir dos o más libros que compartan la misma signatura de clase y librística. La signatura de título, para distinguir dos obras de un mismo autor, es un ejemplo de ello.
      En las bibliotecas de instituciones educativas, los docentes suelen prestar mucha atención en la edición de la obra, por lo que no sería descabellado agregar ese dato al tejuelo para una más rápida localización.
      Algunos agregan al tejuelo un dato no topográfico como el número de inventario, que sirva de identificador único de cada ejemplar, pero en este caso la edición solo puede visualizarla quien consulta el OPAC.

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  4. Estimado Emiliano, un excelente artículo y un aporte bien estructurado que puede generar muchos cuestionamientos no solo a los bibliotecarios de las bibliotecas escolares, sino se podrían incluir a las populares, públicas, especializadas y de otros tipos con bibliotecarios únicos (si los tienen). Eso me hace pensar cuanto necesitamos de las políticas bibliotecarias para encaminar dichos aspectos y tender al trabajo colaborativo y cooperativo. Claro que como se puede apreciar tanto las escolares como algunas otras suelen trabajar en forma individual y eso no resulta sencillo. Hoy es más complejo adentrarse en estos conceptos a pesar de que soy defensora de los vocabularios controlados, ya que la indización de los documentos facilita y unifica el acceso a los mismos. Pero me surgen dudas respecto con los usuarios sobre todo los más jóvenes que se vuelcan a búsquedas, valga la redundancia en buscadores conocidos de la web. Por ese motivo creo que las redes y sistemas de los diferentes grupos de bibliotecas podrían, no se si solucionar pero al menos centralizar un poco más la información y evitar también la duplicación de esfuerzos, cosa que todavía no está muy afianzado. No reniego de las plataformas modernas, ni tampoco de la inclusión de técnicas y normativas en el desarrollo del trabajo diario, solo creo debemos prestar una mirada actualizada a el uso y necesidades de las demandas que hacen los usuarios para ver como es más conveniente provocar el interés de los mismos en la búsqueda de información. Los catálogos, son de utilidad, pero en mis años de experiencia y cuando aún no existía tanta tecnología el alumno, el docente o el usuario común no los usaban porque no les devolvía la información rápida que estaban buscando. Hoy esa diferencia se nota aún más. Pero la pregunta que me ronda es cómo se puede hacer manera más efectivo y no perder la presencia de la biblioteca y el bibliotecario. Mucho para pensar. Abrazo grande y seguimos debatiendo.

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    1. Estimada Rosa,
      Un honor recibir tu mensaje. Como la mayoría de los bibliotecarios en Argentina, me he formado con la lectura de tus libros, que siempre han sido de referencia segura para mí.
      Ciertamente los temas abordados en el artículo exceden la realidad escolar y abren la posibilidad de abordarlos desde una mirada más amplia, que incluya a otros tipos de bibliotecas.
      Coincido plenamente con que hay que prestar una mirada especial en los usuarios más jóvenes y los medios de búsquedas con los que están familiarizados desde la cuna.
      El acceso hipertextual que permiten las folksonomías en las redes sociales, creo que no ha sido explotado aún, porque perdimos de vista que son esencialmente descriptores de contenido.
      Tal vez en este sentido, otro desafío clave sea "afinar el lápiz" en lo referente a la alfabetización informacional.
      Adhiero a tus palabras: "mucho para pensar".
      Un fuerte abrazo a la distancia,
      Emiliano

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